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Borraja con crema ligera de patata. CP

Borraja con crema ligera de patata

Tanto como rescatar la tradición de los platos que preparan mi madre o mi abuela, me gusta indagar platos nuevos, degustar productos que nunca he probado o renovar clásicos.

De esto se trata en la receta que traigo hoy. La borraja es una planta aromática cuyas hojas se utilizan para aromatizar ensaladas, para añadir en los caldos y los tallos como verdura. En  España se consume sobre todo en Aragón, La Rioja y Navarra, donde es un plato muy tradicional.

Yo no la había probado hasta hace unos pocos años porque en pleno centro de la Península se come poca borraja, la verdad; no es un producto que esté cada día en los mercados. Sin embargo, mi afán por cocinar y probar todo lo que se pueda llevar al plato me llevó a buscarla. La borraja en sí tiene poco atractivo a la vista, pero como verdura es sabrosa,  ligera y se presta a múltiples combinaciones.

 Hoy en día ya no tengo problemas porque es fácil encontrarla, incluso ya limpia, en las grandes superficies. Hay muchas formas tradicionales de prepararla, con almendras, guisadas, con almejas, pero yo la suelo hacer tomando como referencia una receta de canal cocina, que con ingredientes tradicionales, borrajas, patatas, aceite y panceta, consigue renovar un producto sencillo y clásico.

He introducido algunas variantes; por ejemplo, me gusta más el sabor del bacon ahumado que el de la panceta y aromatizo el puré con nuez moscada y pimienta blanca, pero el grueso de la receta sigue tal cual.

Si no habéis probado la borraja, hacedlo, sobre todo si os gusta la verdura como a mí.

Ingredientes (para 4 personas)

 ½ kilo de borraja ya limpia y preparada

3 patatas

5 lochas de bacon ahumado (o panceta)

250 ml de leche

 1 cucharada de mantequilla

Nuez moscada

Pimienta blanca

Aceite de oliva

Sal

  1. Pelamos y troceamos las patatas. Las ponemos a cocer en agua hirviendo con sal unos 15 minutos.
  2. Ponemos otra cazuela de agua a hervir con sal y cuando esté en ebullición, añadimos las borrajas. Cocemos 15 minutos.
  3. Cuando la patata esté hecha, escurrimos el agua y la trituramos con la leche, la mantequilla, sal, pimienta blanca y nuez moscada, ambas recién molidas. Debe quedar como un puré ligero por lo que os recomiendo que añadáis la leche poco a poco hasta encontrar la textura deseada.
  4. Ponemos una sartén al fuego donde freímos el bacón cortado en pequeñas tiras. Debemos dejarlo tostadito y crujiente.
  5. Cuando lo tememos todo montamos en plato. Ponemos primero un montón de borraja bien escurrida, encima puré de patata y terminamos con el bacon ahumado. Regamos con un poco de aceite de oliva y listo.

Más sencillo y fácil, imposible.

Cocina Pasión

Sopa de patata. CP.

Sopa de patata y cominos

Me gusta aventurarme en cuestiones gastronómicas, vinícolas o viajeras. Me atrae el no ir sobre seguro, el no saber qué me voy a encontrar porque eso me pone en riesgo de la sorpresa, del descubrimiento nuevo. Sí, sí, también de las decepciones o del desengaño, pero qué se le va a hacer, el que no arriesga no gana y, a veces, para ganar alguna vez hay que fracasar muchas.

Os digo todo esto porque hace unos días me fui por esos pueblos de la sierra de Gredos a disfrutar del recién estrenado otoño, ese que nos deja los tonos dorados, las setas, las castañas y los primeros fríos (bastante escasos). Y, en uno de esos pueblos, encontré alguna de esas sorpresas, esos pequeños tesoros que cada vez escasean más sobre todo en las ciudades.

El regalo otoñal me lo encontré en el bar del pueblo, una pequeña localidad en la que estaban tomando el sol y el chato de mediodía los lugareños en tropel. El bar estaba lleno hasta los topes, como correspondía al día festivo y bullicioso, de paisanos y algún que otro añadido como yo, degustando las tapas que llegaban prestas con la caña o el vino.

Unas migas, unos mejillones, unas croquetas caseras…, y el menú de la casa escrito en la pizarra a la entrada del bar, esas rústicas pizarras que, al parecer, se están volviendo a poner de moda en los bares madrileños.

Pues bien, en esa pizarra lucía el menú festivo a 8 euros, con una decena de platos, entre los que se encontraba un “revuelto de boletus”. Era la hora de comer y, tras el aperitivo, me senté en la terraza para probar ese revuelto de boletus ya que tal manjar no es para dejarlo pasar. Podía haber resultado unos de esos fracasos en los que puedes caer cuando te aventuras de esta manera y haber encontrado un revuelto engrudo de mucho huevo con una par de lascas de boletus. Pero dios o los duendes del bosque otoñal me recompensaron con un aromático plato repleto de boletus frescos, bien cortados y con apenas una yema de huevo que asomaba escondida entre las abundantes setas.

Allí sentada al sol y degustando mi plato de setas recién cogidas sentí que el fin de semana había ya merecido la pena. Y todo al módico precio de 4,50 euros. Lo dicho, nunca sabes dónde puedes encontrar algunas de estas delicias que afortunadamente aún quedan.

Todo esto que os he contado me retrotrae a esa cocina básica de pueblo serrano, de sabores puros, esa que te reencuentra con la cocina de siempre. Y  he recordado una sencilla sopa que hace la familia de mi madre y que en media hora y con un par de patatas, cominos y ajos, te reconforta el cuerpo y el alma.

Probadla cuando lleguen los primeros fríos del otoño, básica y sin florituras.

Ingredientes (para 4 personas)

½ cebolla

3 patatas

Pan del día anterior

Dos tomates

Dos dientes de ajo

Una cucharadita de cominos

Perejil

Sal

Agua

  1. Cortar muy fina la cebolla. Poner una cazuela al fuego, cubrir el fondo de aceite de oliva y sofreírla lentamente.
  2. Cuando esté transparente, añadimos los dos tomates pelados y cortados en cubos y rehogamos también.
  3. Cuando vemos que el sofrito está hecho, ponemos las patatas cortadas en rodajas y las rehogamos con el conjunto.
  4. Mientras, cortamos cuatro o cinco rodajas finas de pan y vamos machando dos dientes de ajo, los cominos y el perejil y lo dejamos todo reservado.
  5. Cuando los sabores estén bien mezclados añadimos el pan y el majado del mortero. Damos un par de vueltas y cubrimos de agua (también podemos utilizar caldo de pollo). Añadimos la sal y dejamos cocer media hora.

¡Más básica y sabrosa, imposible!

Cocina Pasión

penne-a-lo-Salvo

Penne o macarrones a la «Salvo»

Siguiendo con mi viaje gastronómico tras las vacaciones, nos vamos a  Catania, en Sicilia, para preparar una receta de pasta. Y no es que haya estado allí el pasado mes de agosto, ¡ya me hubiera gustado!, yo no, pero un buen amigo mío sí y de allí me ha traído una receta que le sorprendido por su sencillez y por las conexiones con otra receta española.

Los “penne (también puedes ser macarrones) a la Salvo” son, algo así, como pasta con gazpacho, de hecho los ingredientes son casi los mismos que los del gazpacho andaluz. Es a la vez una receta de ésas que puedes improvisar cuando no sabes qué hacer o no tienes ganas de cocinar. Tanto es así, que cuando me dijo el nombre del plato, creí que lo de “Salvo” era porque te “salvaban” cualquier comida; pero no, se atribuye a que su creador se llamaba Salvatore.

En realidad es casi un auténtico gazpacho: tomates, pimientos, cebollas, ajos, aceite de oliva. Cuando lo hizo en casa, en un momento, uno de esos días calurosos de agosto, me gustó la rapidez de la preparación y el sabroso resultado final. Cuando ya me dijo que era de Sicilia aún me supo mejor porque trajo a mi memoria los escenarios de “El Gatopardo”, que leí hace muy poco.

Probad la receta, os “salvará”, sin duda y, si podéis, leed “El Gatopardo”, puede ser también una “salvación” en muchos momentos.

Ingredientes (para 6 personas)

600 grs. de penne o macarrones

4 tomates maduros pelados

½ pimiento rojo

½ cebolla

2 dientes de ajo

1 guindilla

Sal

Aceite de Oliva

150 grs. de ricotta salada (si no tenemos se puede sustituir por queso de oveja mantecoso) rallada

La elaboración es muy sencilla:

  1. Trituramos los tomates pelados (si se hace en thermomix pueden ser sin pelar), la cebolla, el pimiento rojo, los dientes de ajo y la guindilla, hasta que estén completamente líquidos, como si fuera un gazpacho.
  2. Ponemos al punto de sal y añadimos en torno a 100 grs. de aceite de oliva o más según el gusto de cada uno.
  3. Cocemos la pasta al dente. Nada más escurrirla, la mezclamos con el queso rallado para que al contacto con el calor se ponga meloso.
  4. Vamos añadiendo la salsa a la pasta hasta que veamos que está a nuestro gusto. No debemos poner demasiada salsa para que no quede muy pesado.

La salsa “a la salvo” se puede hacer con antelación y tener en la nevera para imprevistos.

Cocina Pasión

Sopa de pescado

Sopa de pescado de Bergen

Pensaréis que os he abandonado después de este largo silencio de más de un mes. Pero nada más lejos de la realidad. Las vacaciones de verano han sido fructíferas y me he traído un buen montón de recetas de zonas y personas diversas pues tengo que agradecer que mis amigos me cuenten platos que han probado, recetas de su familia, experiencias culinarias en otros países y eso enriquece mi blog y mi vida.

En este último periplo vacacional he acumulado un bagaje culinario y personal muy importante, he descubierto países, platos, amigos y experiencias nuevas que en estos primeros días de septiembre iré desgranando y compartiendo con vosotros. Viajaremos de Noruega a Italia, de Francia a las Canarias, no porque yo haya estado estos días en todos estos países (¡ojalá!) sólo en alguno, en los otros he viajado en la maleta de mis amigos y de la gente que me quiere.

Empezaré por Noruega, allí sí he estado este verano y, aparte del país, una maravilla de la naturaleza en estado puro, me ha sorprendido muy gratamente su cocina que es, como su riqueza natural, pura y sin alharacas, basada en lo que da la tierra y con pocos adornos. Sus platos están construidos con el producto autóctono, fresco y recién recolectado o pescado, una cocina de mercado sencilla y sabrosa.

De entre las variadas especialidades que he tomado estos días se encuentran la ballena, el reno, los arándanos, el salmón, los aranques (los de “a la  mostaza” me han parecido deliciosos), pero quizá lo que más me ha gustado es la variedad de sopas de pescado que he encontrado y probado. Las que tomé en Bergen o en Stavanger no tienen que ver con las que se hacen en España pero igualmente me parecieron sabrosísimas, muy apropiadas para los días de frío;  tanto es así que las he incorporado al recetario de mi casa para el próximo invierno. Son, quizá, más suaves de sabor, aromatizadas con hierbas como el cebollino y más untuosas que las españolas, y sospecho que hay tantas variedades como pueblos o cociner@s.

La receta que os dejo hoy es la de sopa de pescado de Bergen. La foto está tomada justo antes de comenzar a degustar este plato enorme y eso que pedimos la ración pequeña, ¡la grande era casi una sopera!

Espero que os guste y os sorprenda gratamente como a mí.

Ingredientes (para 6 personas)

1 litro de caldo de pescado casero

600 grs de pescado blanco fresco

200 gramos de colas de gambas

Media cebolla

4 cucharadas de mantequilla

4 cucharadas de harina

1 zanahoria

1 trozo de apio

Un puerro

Una cucharada y media de vinagre suave

Una cucharada y media de azúcar

3 yemas de huevo

½ vaso de crema de leche

Cebollino

Sal y pimienta blanca.

  1. Los primero es tener preparado un buen caldo casero de pescado blanco que pondremos a hervir. Cortamos el pescado freso en tiras y lo ponemos junto con las colas de gambas 2 minutos dentro del caldo. Lo sacamos y lo dejamos aparte intentando mantenerlo caliente.
  2. Picamos la cebolla y la dejamos pochar en la mantequilla. Cuando esté suave ponemos la harina, la rehogamos y añadimos el caldo caliente. Dejamos que hierva suavemente unos 10 minutos.
  3. Añadimos el puerro, la zanahoria y el apio todo ello cortado en tiras muy finas. Dejamos cocer entre 5 y 10 minutos hasta que esté tierno.
  4. Condimentamos la sopa con sal, pimienta, vinagre y azúcar.
  5. Batimos aparte las yemas con la crema. Diluimos primero un poco de caldo en la mezcla para evitar que se corte y luego lo añadimos a la sopa sin dejar de remover. Cocinamos suavemente sin que llegue a hervir. La sopa tiene que quedar bien ligada.
  6. Para servir ponemos en el plato los trozos del pescado y las gamas reservadas, añadimos la sopa y espolvoreamos cebollino e incluso algo de pan moreno.

Cocina Pasión

Ensalada de pasta

Ensalada de pasta con judías verdes

Todos conocemos la versatilidad de la pasta. Se presta a platos calientes o fríos y la puedes aderezar con todo tipo de ingredientes ya sean pescados, carnes, fiambres, verduras e incluso frutas. Esta versatilidad hace que la pasta muchas veces sea el blanco de algunos platos con “demasiados” acompañantes. Digo esto porque, al igual que me pasa con la pizza, en los platos de pasta huyo de ésos que están poblados de todo tipo de condimentos y aderezos para darle sabor o para hacer más atractivo el plato.

Os tengo que reconocer que este “odio” hacia las mezclas pesadas se me acentuó cuando viajé a Italia y probé la verdadera pasta italiana, la que consigue con muy pocos ingredientes pero de calidad un gran plato de pasta. Aún no he podido olvidar aquellos espaguetis con una salsa de mantequilla y salvia que probé en Florencia y, a veces, parece que  me llega su fragancia.

Os cuento todo esto para que comprendáis porque la ensalada de pasta que he elaborado hoy tiene tan pocos ingredientes pero, sin embargo, es mi favorita. Son pocos pero han de ser de buena calidad: buen aceite de oliva virgen extra, una judía verde recién hervida (nada de bote), tomates rojos de verano, atún en aceite y albahaca fresca (si puede ser recién cortada, yo es que para esto de la cocina soy muy sibarita).

Esta es una receta muy sencilla, creo que procede de uno de aquellos programas de los años 80 que precedieron a los muchos espacios de cocina que hoy se abren paso en todos los canales de televisión, concretamente a “Con las manos en la masa” de Elena Santonja.

Os recomiendo que preparéis esta receta un par de horas antes y la dejéis en la nevera para que esté fresca y se tomen bien los sabores. Yo la elaboro hace años como una de mis ensaladas emblemáticas de verano, de hecho a mi esta receta tan sencilla es la que más me gusta de todas las ensaladas de pasta que he preparado en otras ocasiones.

¡Probad, seguro que os gusta!

Ingredientes (4 personas)

 200 gr. de espirales de pasta

2 tomates

150 gr. de judías verdes ya cocidas

Un diente de ajo

200 gr. de atún en aceite de oliva

Aceite de oliva

Sal

Pimienta negra

Un manojo de albahaca

 

  1. Untar la ensaladera donde vayamos a hacer la ensalada con el diente de ajo partido para que tome el aroma pero no sepa a ajo.
  2. Hervir la pasta en agua abundante, escurrirla y ponerla en una ensaladera con un chorrito de aceite para que no se pegue.
  3. Pelar los tomates, partirlos y añadirlos. Añadir también las judías verdes y el atún en aceite.
  4. Poner abundante albahaca fresca picada, aceite de oliva, sal, vinagre (yo uso de Jerez) y pimienta negra recién molida.
  5. Mezclan bien y dejar reposar un par de horas en la nevera.

 

El resultado es sencillo pero sabroso. 

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Ensalada de picantones

Ensalada de picantones en escabeche con frutas

El escabeche de perdiz es un plato habitual en mi tierra, Toledo, y en mi casa. Desde siempre recuerdo a mi madre guardando como oro en paño las perdices de campo que mi padre traía a casa, hasta que juntaba las suficientes para hacer una buena cazuela de escabeche. Las cocinaba con antelación y las dejaba dos o tres días reposando para luego sacarlas en alguna ocasión especial como Navidad o algún cumpleaños.

La experiencia es un grado y mi madre ya le ha cogido un punto difícil de superar. En los últimos años, fruto de la colaboración intergeneracional (que bien ha sonado eso…), hemos introducido en el menú de casa una nueva receta con las perdices de mi madre y mi ensalada que también ha gustado a todos los miembros de la familia y se elabora como entrante para muchas ocasiones.

Ahora, en verano, no es tiempo de perdices pero esta ensalada se presta muy bien para un buen entrante en los días de calor. Por eso, a falta de perdices me he decantado por unos picantones, aunque creo que también quedaría bueno con un pollo de corral. Otro día lo probamos…, de momento, hoy este escabeche toledano de picantones ha sido todo un éxito en la mesa.

La receta es algo laboriosa porque primero hay que escabechar los pollitos, y eso debe hacerse con un día o dos de antelación ya que el plato mejora con el reposo. Por lo demás no tiene ninguna dificultad, incluso las frutas se pueden variar y adaptarlas a la estación o a los gustos personales.

Os sugiero que experimentéis platos de escabeche templado o frío con un toque dulce como las frutas, los boniatos o la calabaza. Veréis como son un acierto.

Ingredientes (cuatro personas)

Para el escabeche

Dos picantones

Una cebolla

4 dientes de ajo

Un vaso de aceite

Un vaso de vinagre de Jerez

Un vaso de vino blanco seco

Un vaso de caldo de pollo (o agua)

Sal

4 ó 5 bolas de pimienta negra

Laurel

Para la ensalada

Mezcla de lechugas

Dos melocotones

Ocho cerezas

Un melón

Una cucharada sopera de mostaza a la antigua

Seis cucharadas de aceite de oliva

Dos cucharadas de vinagre de cava

Sal

Pimienta negra

  1. Calentar el  aceite de oliva en una sartén, salpimentar los picantones y dorarlos por todos los lados.
  2. Cuando estén bien doraditos, sacarlos y freír la cebolla cortada en juliana y los ajos con su piel. Cuando esté todo pochado poner el vino (yo puse Montilla-Moriles), el vinagre, el caldo, el laurel y la pimienta y dejarlo que cueza 5 minutos. Rectificarlo de sal si fuera necesario.
  3. Añadir los picantones para que se cocinen a fuego lento, tapados, hasta que estén tiernos (una hora aproximadamente)
  4. Dejarlos reposar en la nevera.
  5. Al día siguiente montar la ensalada. Hacemos una brocheta con las frutas elegidas combinándolas para resaltar el colorido y la ponemos a un  lado del plato.
  6. En medio disponemos un trocito de pechuga y un muslito del ave.
  7. Elaboramos la vinagreta mezclando la mostaza, el aceite,  el vinagre, la sal y la pimienta.
  8. Decoramos el plato con la  mezcla de lechugas y regamos todo con un cordón de vinagreta de mostaza.

 El colorido y la mezcla de sabores hacen de ésta una ensalada que entra por los ojos  y está deliciosa.

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