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Ensalada de remolacha y calabaza asada. CP

Ensalada de remolacha y calabaza asadas

Yo no sé si a vosotros os pasa, pero yo voy al mercado a comprar alimentos para una semana, segura de tener el menú decidido, y me descuelgo con productos frescos para dos y cambio completamente los platos ya pensados.

Yo paso por el puesto de verduras y me enamoro de una coliflor que tiene muy buena pinta, o voy a visitar a mi pescadero para comprar, casi nada, unos mejillones, y me pone “ojitos” el rape o me lanza “miraditas “la corvina y, ¡venga!, cargo con los dos.

Tal es así que luego tengo que ponerme a pensar o a buscar recetas para dar salidas a todos estos “pretendientes” que me he ido trayendo en mi devenir por el mercado toledano. La verdad es que ser una enamoradiza empedernida tiene sus ventajas ya que me deriva a la búsqueda de alternativas para variar o experimentar en la cocina.  A veces encuentro algunas recetas que me encantan o invento otras que resultan muy bien y que incorporo a mi recetario particular: esos platos que repetimos en nuestra casa y que se incorporan a la memoria culinaria de la familia.

Esto es lo que me pasó con esta receta de hoy: “ensalada de remolacha y calabaza asada“, que encontré en uno de mis blogs favoritos, “El Comidista”. Acabé así porque, como viene siendo habitual , compre una gran calabaza en el mercado y tras hacer un bizcocho y una crema pensé que era hora de terminarnos el resto de esta cucurbitácea, pero con algo distinto.

Es una ensalada diferente, sabrosa, muy completa y que ya he vuelto a hacer un par de veces, e incluso le he incorporado algunos cambios. Se ha quedado ya en los platos que se convierten en clásicos de casa, aunque hay ya tantas ensaladas en el repertorio que casi no nos da tiempo a probarlas todas periódicamente.

¡Ha sido todo un descubrimiento!

Ingredientes (para una buena ensalada para 4 personas)

  • ½ k. de calabaza
  • ½ k. de remolacha cruda (ojo, no comprarla ya cocida)
  • 150 gr. de cuscús
  • Un melocotón
  • 2 cucharaditas (o un poco más) de curry
  • Perejil picado
  • Abundante menta picada
  • Zumo de limón
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal
  • Pimienta negra

 Preparación

  1. Lo primero que tenemos que hacer es asar la remolacha. Para ello, precalentamos el horno a 200ºC, pelamos la remolacha y la cortamos en cubos medianos, ya que si son demasiado pequeños se nos secará en exceso. Los ponemos extendidos en una fuente de horno con un poco de sal y los dejamos asar 20 minutos.
  2. Del mismo modo preparamos la calabaza y la incorporamos; espolvoreamos el conjunto con curry y dejamos asar media hora más. Id comprobando después de los primeros 20 minutos para que no quede demasiado hecha, tienen que quedar tiernas pero no secas.
  3. Mientras tanto vamos hidratando el cuscús.
  4. Sacamos las verduras para que se templen y entonces montamos la ensalada con la calabaza, la remolacha, el melocotón picado y el cuscús. Aderezamos con las hierbas, el zumo de limón, sal, pimienta y aceite, todo esto al gusto.

Se sirve templada, aunque también podemos tomarla fría. Si no tenemos remolacha fresca podemos utilizar la cocida con un golpe de horno pero no queda igual.

 

Cocina Pasión

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Sopa de patata. CP.

Sopa de patata y cominos

Me gusta aventurarme en cuestiones gastronómicas, vinícolas o viajeras. Me atrae el no ir sobre seguro, el no saber qué me voy a encontrar porque eso me pone en riesgo de la sorpresa, del descubrimiento nuevo. Sí, sí, también de las decepciones o del desengaño, pero qué se le va a hacer, el que no arriesga no gana y, a veces, para ganar alguna vez hay que fracasar muchas.

Os digo todo esto porque hace unos días me fui por esos pueblos de la sierra de Gredos a disfrutar del recién estrenado otoño, ese que nos deja los tonos dorados, las setas, las castañas y los primeros fríos (bastante escasos). Y, en uno de esos pueblos, encontré alguna de esas sorpresas, esos pequeños tesoros que cada vez escasean más sobre todo en las ciudades.

El regalo otoñal me lo encontré en el bar del pueblo, una pequeña localidad en la que estaban tomando el sol y el chato de mediodía los lugareños en tropel. El bar estaba lleno hasta los topes, como correspondía al día festivo y bullicioso, de paisanos y algún que otro añadido como yo, degustando las tapas que llegaban prestas con la caña o el vino.

Unas migas, unos mejillones, unas croquetas caseras…, y el menú de la casa escrito en la pizarra a la entrada del bar, esas rústicas pizarras que, al parecer, se están volviendo a poner de moda en los bares madrileños.

Pues bien, en esa pizarra lucía el menú festivo a 8 euros, con una decena de platos, entre los que se encontraba un “revuelto de boletus”. Era la hora de comer y, tras el aperitivo, me senté en la terraza para probar ese revuelto de boletus ya que tal manjar no es para dejarlo pasar. Podía haber resultado unos de esos fracasos en los que puedes caer cuando te aventuras de esta manera y haber encontrado un revuelto engrudo de mucho huevo con una par de lascas de boletus. Pero dios o los duendes del bosque otoñal me recompensaron con un aromático plato repleto de boletus frescos, bien cortados y con apenas una yema de huevo que asomaba escondida entre las abundantes setas.

Allí sentada al sol y degustando mi plato de setas recién cogidas sentí que el fin de semana había ya merecido la pena. Y todo al módico precio de 4,50 euros. Lo dicho, nunca sabes dónde puedes encontrar algunas de estas delicias que afortunadamente aún quedan.

Todo esto que os he contado me retrotrae a esa cocina básica de pueblo serrano, de sabores puros, esa que te reencuentra con la cocina de siempre. Y  he recordado una sencilla sopa que hace la familia de mi madre y que en media hora y con un par de patatas, cominos y ajos, te reconforta el cuerpo y el alma.

Probadla cuando lleguen los primeros fríos del otoño, básica y sin florituras.

Ingredientes (para 4 personas)

½ cebolla

3 patatas

Pan del día anterior

Dos tomates

Dos dientes de ajo

Una cucharadita de cominos

Perejil

Sal

Agua

  1. Cortar muy fina la cebolla. Poner una cazuela al fuego, cubrir el fondo de aceite de oliva y sofreírla lentamente.
  2. Cuando esté transparente, añadimos los dos tomates pelados y cortados en cubos y rehogamos también.
  3. Cuando vemos que el sofrito está hecho, ponemos las patatas cortadas en rodajas y las rehogamos con el conjunto.
  4. Mientras, cortamos cuatro o cinco rodajas finas de pan y vamos machando dos dientes de ajo, los cominos y el perejil y lo dejamos todo reservado.
  5. Cuando los sabores estén bien mezclados añadimos el pan y el majado del mortero. Damos un par de vueltas y cubrimos de agua (también podemos utilizar caldo de pollo). Añadimos la sal y dejamos cocer media hora.

¡Más básica y sabrosa, imposible!

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