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Bocadillo de langostinos y aguacate

Es importante desterrar la idea de que para comer bien y  rico tenemos que pasarnos horas en la cocina. Soy consciente que a veces somos nosotros mismos, los que cocinamos, los que transmitimos esta sensación, pero no es cierta. En multitud de ocasiones improvisamos un plato en diez minutos, hacemos una ensalada para cenar con lo que tenemos en la nevera y, normalmente, lo que improvisamos queda muy bien y lo incorporamos a nuestros recetarios (si es que nos acordamos).

Para improvisar bien creo que solo hay dos máximas: que los ingredientes sean de calidad y reflexionar, antes de ponerse manos a la obra, sobre cómo mezclarlos. Que quiere decir esto: pues que si mezclas un lechuga pasada con un tomate a punto de la putrefacción no te va a quedar nada suculento; pero además, que no podemos coger todo lo que tenemos en casa y mezclarlo sin orden ni concierto. Ya os he referido muchas veces lo que odio esas ensaladas que a veces te presentan como entrante, y que parece una masa informe de todo aquellos que quedaba en el frigorífico, lo mismo mezclan bacon con un atún en escabeche que trozos de chorizo con un bote de maíz y mayonesa.

No se trata de esto, sino de emplear poco tiempo e improvisar una cena apetitosa para una noche de verano o para sentarnos delante de la tele a ver un partido. Se trata, en definitiva, de presentar en el plato una buena opción para deleitarnos sin complicarnos.

Para esto, los bocadillos son una muy buena solución. Hay pocas cosas que entre dos trozos de pan bueno no queden y estén apetitosas; si además contamos con calidad en los productos y un poco de arte mezclando, nuestras cenas improvisadas pueden hacerse famosas.

Por todo esto he pensado que por qué no poner hoy como receta un bocadillo, de esos que empezamos improvisando una noche y luego vamos mejorando en ocasiones sucesivas añadiendo nuevos ingredientes. Y eso he hecho.

Pero antes de pasar a la receta debo recomendaros que tengáis siempre en casa un par de variedades de pan congelado, latas de atún en aceite, sardinas, caballa, maíz, pimientos del piquillo, algún fiambre envasado al vacío y, muy importante, aliños: kétchup, mayonesa, mostaza, mi adorado vinagre de Jerez y aceite de oliva, entre otros.

Con esto, estáis preparados para pasar el verano, el Mundial, una resaca o lo que haga falta.

Bocadillo de langostinos y aguacate. CP.

Bocadillo de langostinos y aguacate. CP.

Ingredientes para 1 bocadillo

Media baguette o una pequeña

Cinco langostinos cocidos y pelados (yo los cocí en casa, pero se pueden tener ya cocidos o crudos congelados para cocerlos cuando los necesitemos)

Medio aguacate

Brotes de alfalfa

Mayonesa

Kétchup

  1. Cortamos el pan, lo abrimos al medio y le damos un golpe de tostador para que tenga la textura crujiente y de recién hecho.
  2. Mientras pelamos el aguacate y lo cortamos en gajos y pelamos los langostinos.
  3. Untamos una rebanada de pan con mayonesa. Sobre esto colocamos el aguacate y los langostinos. Rociamos con un chorro de kétchup.
  4. Coronamos con unos brotes y la otra rebanada de pan untada con mayonesa.
  5. Cogemos una buena cerveza y al ataque.

Total, para preparar la cena, entre 5 y 7 minutos.

Cocina Pasión

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Ensalada de patata con aliño de ajo. CP.

Ensalada de patata con aliño de ajo

A lo mejor suena demasiado simple decir que hoy voy a poner una receta de “ensalada de patata”. Es quizá la más básica, la más socorrida, la que más se hace en verano, al menos en mi casa.

Si me he decido por esta receta es porque es el principio,  la esencia de donde partieron el resto de mis ensaladas veraniegas. Esta receta es seguro la primera ensalada que hice en mi vida y en ella aprendí a aliñar y a dar el punto justo de sal, aceite y vinagre.

Lo especial de ésta no son ni los ingredientes, ni la preparación, es quizá el aliño de ajo que hace mi madre y que yo he repetido. Es, además, una alternativa a la ensaladilla rusa  e incluso, a algunos les gusta más. Eso sí, es básico no sólo el ajo morado de Las Pedroñeras, si no, en especial, un buen aceite de oliva virgen extra, en mi caso, de los Montes de Toledo.

Por cierto, ni en esta receta ni en casi ninguna de ensaladas pongo la cantidad concreta de aceite y vinagre ya que depende del gusto de cada uno. Yo siempre llego al punto justo aliñando y probando, aliñando y probando hasta que doy con el punto justo.

Haced una buena fuente porque hay veces que  te pones a comer y no ves el fin.

Ensalada de patata . CP.

Ensalada de patata . CP.

Ingredientes (para 4 personas)

Tres patatas grandes

Un tomate hermoso

100 gr. de judías verdes ya cocidas (opcional)

Una lata de 200 gr de bonito o atún en aceite de oliva

Un diente de ajo gordito

Un pimiento rojo grande asado

Dos huevos cocidos

Aceite de oliva virgen extra

Sal

Vinagre de Jerez

  1. Poner a cocer las patatas con agua y un puñado de sal. Tardarán unos 20 minutos, deben quedar tiernas pero no pasadas.
  2. Cocer los huevos.
  3. Pelar y partir las patatas algo más grandes que para una ensaladilla rusa. Poner en una fuente honda,  y añadir el huevo cocido  y partido, los pimientos rojos en tiras, el tomate picado , las judías verdes (si las ponéis) y el atún.
  4. Entonces, machacamos en el mortero el diente de ajo, incorporamos aceite de oliva.
  5. Aliñamos la ensalada con el majado del mortero, sal y vinagre. Debe quedar bien aliñada, es decir, tiene que notarse un sutil sabor a ajo y a buen aceite de oliva.
  6. Dejad enfriar en la nevera hasta la hora de comer. Es mejor hacerla un par de horas antes para que se tomen los sabores y se enfríe.

Cocina Pasión

Brownie de frambuesas y tarta de queso. CP

Brownie de frambuesas y pastel de queso

La repostería de altura la practico poco. Esto no es un secreto. Cualquiera que siga el blog se da cuenta, pero os aseguro que no es culpa mía. A mí también me gusta  hacer una buena tarta, pero en mi entorno se afanan en preferir una tortilla de patata a un pastel de lo que sea, aunque sea de chocolate negro.

No obstante, cuando me propongo hacer algo para qué quedarse en lo fácil, ¡a por lo difícil! Era la celebración del cumpleaños de mi hermana y decidí que la tarta la hacía yo. Y escogí una de las especialidades de la pastelería Hummingbird, el “brownie de frambuesas  y pastel de queso”.

La preparación es suculenta: tres capas, una de brownie, otra de tarta de queso y la tercera de crema de frambuesas, todo ello coronado de unas frambuesas frescas. ¡Ahí es nada! Bueno, pues al final salió, la tarta estuvo en la mesa coronando un cumpleaños especial del que todos disfrutamos como lo hacemos siempre que nos juntamos. Todos dijeron que estaba buenísima, así que ahora me he venido arriba y estoy pensando en abordar la tarta Sacher que  algunos hicieron y otros “perpetraron”  en “Master Chef”

Estoy satisfecha porque el reto era complicado y logré salir airosa, y lanzada a probar nuevos desafíos como éste.

No obstante tengo un nuevo problema: me han sobrado dos porciones de tarta y, pasado el cumpleaños, ya han acabado con las sobras de croquetas de boletus (eso sí cayó inmediatamente) y ahí sigue el brownie, mirándome desde la nevera.

 Ingredientes

Para el brownie:

200 gr de chocolate para postres

200 gr de mantequilla a temperatura ambiente

250 gr de azúcar glas

3 huevos

110 gr de harina

Para el pastel de queso:

400 gr de queso crema

150 gr de azúcar glas

½ cucharadita de vainilla

2 huevos

Para la cobertura:

250 gr de frambuesas
(yo utilice 200 gramos de frambuesas congeladas y los 50 gramos restantes, frescas para adornar)

300 ml de nata para montar

100 gr de azúcar glas

  1. Precalentar el horno a 170ºC calor arriba y abajo. Forrar con papel de horno un molde rectangular de 33 x 23 cm.
  2. Nos ponemos a hacer el brownie. Para ello derretimos el chocolate en un cuenco sobre una cacerola con agua hirviendo, procurando que el cuenco no toque el agua. Lo dejamos con fuego bajo mientras se derrite removiendo de vez en cuando.
  3. Entretanto, ponemos en una amasadora o en la thermomix con la mariposa puesta la mantequilla con el azúcar y batimos a velocidad lenta. Cuando veamos que se ha hecho una mezcla homogénea vamos añadiendo los huevos uno a uno y sin dejar de batir. Subimos algo la velocidad para que esponje y ponemos el chocolate que hemos derretido. Cuando se haya incorporado del todo, incorporamos la harina y seguimos batiendo unos segundos hasta que todo quede bien mezclado.
  4. Echamos la mezcla en el molde y lo alisamos bien con una espátula.
  5. Ahora vamos con la tarta de queso: Incorporamos en la amasadora o thermomix el queso crema, el azúcar, la vainilla y batimos lentamente hasta que esté bien ligado y espeso. Añadimos los huevos uno a uno mientras seguimos removiendo. Subimos un poco la velocidad y seguimos batiendo hasta que esté muy cremosa y algo esponjosa. Hay que vigilarlo no sea que nos pasemos batiendo y se  nos corte la mezcla.
  6. Una vez terminado, lo ponemos en el molde junto encima de la mezcla anterior. Alisamos también y metemos al horno unos 35 minutos. A partir de los 30 minutos hay que vigilarlo y retirarlo en cuanto este firme al tacto y ligeramente dorado ya que si se pasa de cocción la tarta de queso quedará seca y se abrirá. La dejamos enfriar del todo y preferiblemente toda la noche antes de terminar el pastel.
  7. Por último preparamos la crema de frambuesa. Ponemos la nata, el azúcar y los 200 gr de frambuesas en la amasadora o en la thermomix con la mariposa y batimos a velocidad media-baja hasta que esté firme y cremosa. No os desesperéis porque tarda un rato. Montará mejor si tanto el recipiente como la nata están bien fríos.
  8. Entonces desmoldamos la tarta y la ponemos sobre una bandeja. Cubrimos con la crema de frambuesa, alisamos bien y adornamos con unas frambuesas frescas.

Sé que es una tarta laboriosa, pero la cara de todos los comensales cuando llega a la mesa compensa el esfuerzo. ¡Ojalá la disfrutéis en un cumpleaños especial!

Cocina Pasión

Pollo al estilo de la judería. CP

Pollo al estilo de la judería (de Toledo, claro)

Estando como estamos en el Año del IV Centenario del Greco y viviendo yo en plena judería toledana no podía dejar de traer al blog algún plato de la cocina de este Toledo, que en los últimos tiempos está viviendo entre el trasiego de turistas llegados de todos los rincones del mundo para admirar sus calles, su cultura y los eventos que se están celebrando en conmemoración del pintor cretense.

Conciertos, pasacalles, exposiciones, celebraciones de toda índole y menús especiales son protagonistas en este 2014. Para conmemorarlo, yo también desde este blog quería escoger una receta no sólo suculenta, sino que tuviese el sabor de la diversidad cultural que guardan las calles toledanas. La gastronomía de esta ciudad, como todo lo demás, está trufada de referencias árabes y judías, platos e ingredientes que han pasado de una a otra cultura y se han quedado para siempre en la tradición de la ciudad, como los mazapanes, las flores de sartén, los potajes o el cordero.

El “pollo al estilo de la judería” es probablemente de las recetas más fáciles pero no es de las que se prodigan en los menús. No obstante, sorprende por su sencillez, por lo básico de sus ingredientes pero, a la vez, deliciosa en su humildad. Tened en cuenta que de todas las cocinas que existían en los pueblos de la antigüedad, la judía es la que mejor se ha conservado hasta la actualidad debido a que tiene normas muy precisas tanto en los alimentos como en su forma de preparación que constituyen parte de sus preceptos religiosos.

Para hacer este plato es importante contar con una cazuela de barro con tapa, pero en su adaptación al siglo XXI yo he utilizado una cazuela de hierro fundido que ha cumplido la misma misión que lo hacía el barro en el siglo XV. El pollo asado así queda dorado y muy jugoso. Ofrece otra ventaja: no hace falta vigilarlo porque dentro de la cazuela y al horno no hay peligro de que se dore en exceso.

Ingredientes:

Un pollo de 1 kilo y medio entero (preferiblemente de corral)

Tres limones

Cuatro dientes de ajo grandes

Unas ramas de tomillo

Aceite de oliva virgen extra

Sal

Pimienta negra

  1. Precalentamos el horno a 230ºC.
  2. Salpimentamos el pollo por dentro y por fuera con pimienta negra recién molida.
  3. Cogemos uno de los limones, lo partimos por la mitad y lo pinchamos con un tenedor. Introducimos las dos mitades, un diente de ajo con piel y una rama de tomillo en el interior del pollo. Cosemos la abertura y atamos el pollo para que tenga buena forma.
  4. Lo introducimos dentro de una cazuela que pueda ir al horno. Añadimos otra rama de tomillo, dos dientes de ajo enteros sin pelar, el zumo de los dos limones restantes y un buen chorro de aceite. Tapamos la cazuela.
  5. Lo introducimos en el horno previamente calentado. Lo dejamos a 230ºC durante 15 minutos y luego bajamos la temperatura a 180ºC. Lo dejamos tapado durante 1 hora y cuarto. No hace falta darle la vuelta, tan sólo mirarlo a partir de la primera hora para comprobar cómo está. Dentro de la cazuela quedará completamente dorado y con una salsa al limón muy sabrosa.

Una buena guarnición sería un arroz aromatizado con azafrán.

¡No diréis que no es fácil!

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Atún con vinagreta de albahaca y tartar de sandía. CP

Atún con vinagreta de albahaca y tartar de sandía

La verdad es que yo no planifico mis platos. Las recetas surgen a golpe de mercado, es decir, si voy a comprar y veo bueno el atún, me lo llevo y luego pienso: qué hago con él. Lo mismo con el resto de productos, tanto es así que a veces salgo con intención de comprar una determinada carne o pescado y cambio sobre la marcha, según lo que veo que tiene buena pinta o buen precio; luego tengo que replantearme qué voy a hacer para comer. Esto me lleva casi siempre a elaborar una cocina de mercado, de temporada, del producto del día a día que me encanta porque siempre es inesperada.

En esta ocasión la receta también viene determinada por la necesidad de depurar los excesos del invierno y prepararse para el verano, época muy dada a pasarnos en los aperitivos y las cenas al aire libre.

Con este último requisito a veces es difícil llevar a la mesa un plato que sea realmente apetecible y huir del tan odiado “filete de pollo a la plancha” al que en mi casa somos “alérgicos”.

Así, con estos mimbres, surge la receta de hoy “atún a la plancha con vinagreta de albahaca y tartar de sandía” y, en los últimos días, han surgido varias derivadas de este objetivo de recuperarnos y preparamos para esos vestidos ajustados y esos bikinis o bañadores mínimos. Las iré desgranando poco a poco.

Ingredientes para 2 personas

Para el tartar:

 2 tomates maduros

1 cebolleta

100 gr. de sandía limpia y sin pepitas

1 Cucharada de aceite de oliva virgen

Unas gotas de lima (o limón)

 Sal

 Pimienta negra

Hojas de albahaca

Para el atún

Dos filetes de atún fresco.

Sal

4 cucharadas de aceite

1 cucharada de vinagre de Jerez

Unas hojas de albahaca fresca

  1. Lo primero es preparar el tartar para que se tomen los sabores. Cortamos en taquitos muy pequeños el tomate, la sandía, y la cebolleta. Lo mezclamos en un recipiente con los aliños y un par de hojas de albahaca picadas y lo dejamos macerar unos minutos, pero no mucho porque si no la sandía soltará agua.
  2. Mientras ponemos sobre la plancha caliente, apenas pincelada con aceite de oliva, los filetes de atún, lo dejamos un par de minutos y los damos la vuelta. Tiene que quedar jugoso. Espolvoreamos con escamas de sal.
  3. En un recipiente batimos con batidora el aceite, el vinagre, la albahaca y una pizca de sal.
  4. Para emplatar, montamos el tartar en un lado del plato ayudándonos de un aro, al lado ponemos el atún con un poco de la verde vinagreta por encima.

Ya está. Es tan fácil que me da vergüenza ponerlo en el blog, pero no todo va a ser pasarse media mañana en la cocina.

Así quién no se permite hacer un par de días de régimen…

Carpaccio de fresas y pepino. CP.

Carpaccio de fresas y pepino

El color y la impresión del plato es importante a la hora de comerlo e incluso de elegirlo para una comida. Lo principal es el sabor, claro está, pero la imagen da una primera información que marcará el resto de la degustación. Todos hemos escuchado alguna vez decir de un plato: “Bueno…, de sabor estaba bien”. Qué quieren decirnos: “el aspecto era tremendo, parecía que iba a estar incluso peor”.

El carpaccio de fresas y pepino entra por los ojos por su colorido y presentación. Nos habla de verano, de sabores frescos, de noches de cenas al aire libre. Por eso lo he hecho hoy, porque me apetece el calor y esas cenas que se alargan en la terraza o el jardín porque la temperatura de la noche nos lo permite.

El plato es muy sencillo de elaborar pero es necesario tener una mandolina para poder cortar estas láminas finísimas de vegetales y frutas. Indudablemente esta mezcla de ingredientes podría presentarse en forma de ensalada pero sorprenderemos más y el sabor será mucho más sutil en forma de carpaccio.

¡Coged la mandolina y a cortar!

Ingredientes (para dos personas)

Un pepino

5 fresones firmes y bien rojos

Unas briznas de rúcula

2 cucharadas de aceite de oliva (utilicé arbequina)

1 cucharadas de limón

Pimienta negra recién molida

Escamas de sal

  1. Cortamos con la mandolina en láminas finísimas el pepino pelado y las fresas.
  2. Lo colocamos en círculos concéntricos en un plato llano, empezado de fuera hacia adentro con fresas y terminando con fresas.
  3. Mezclar el limón y el aceite y batirlo bien. Echarlo por encima del carpaccio.
  4. Aliñar con las escamas de sal.
  5. Dejar en el frigorífico 10 minutos.
  6. Cuando vayamos a servir añadir por encima un poco de rúcula y un par de vueltas de molinillo de pimienta negra.

Por cierto, probad otras frutas en forma de carpaccio aderezadas con pimientas de colores, un poquito de miel o unas gotas de zumo. Resultará un postre ligero y elegante para terminar una comida veraniega.

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