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Carpaccio de fresas y pepino. CP.

Carpaccio de fresas y pepino

El color y la impresión del plato es importante a la hora de comerlo e incluso de elegirlo para una comida. Lo principal es el sabor, claro está, pero la imagen da una primera información que marcará el resto de la degustación. Todos hemos escuchado alguna vez decir de un plato: “Bueno…, de sabor estaba bien”. Qué quieren decirnos: “el aspecto era tremendo, parecía que iba a estar incluso peor”.

El carpaccio de fresas y pepino entra por los ojos por su colorido y presentación. Nos habla de verano, de sabores frescos, de noches de cenas al aire libre. Por eso lo he hecho hoy, porque me apetece el calor y esas cenas que se alargan en la terraza o el jardín porque la temperatura de la noche nos lo permite.

El plato es muy sencillo de elaborar pero es necesario tener una mandolina para poder cortar estas láminas finísimas de vegetales y frutas. Indudablemente esta mezcla de ingredientes podría presentarse en forma de ensalada pero sorprenderemos más y el sabor será mucho más sutil en forma de carpaccio.

¡Coged la mandolina y a cortar!

Ingredientes (para dos personas)

Un pepino

5 fresones firmes y bien rojos

Unas briznas de rúcula

2 cucharadas de aceite de oliva (utilicé arbequina)

1 cucharadas de limón

Pimienta negra recién molida

Escamas de sal

  1. Cortamos con la mandolina en láminas finísimas el pepino pelado y las fresas.
  2. Lo colocamos en círculos concéntricos en un plato llano, empezado de fuera hacia adentro con fresas y terminando con fresas.
  3. Mezclar el limón y el aceite y batirlo bien. Echarlo por encima del carpaccio.
  4. Aliñar con las escamas de sal.
  5. Dejar en el frigorífico 10 minutos.
  6. Cuando vayamos a servir añadir por encima un poco de rúcula y un par de vueltas de molinillo de pimienta negra.

Por cierto, probad otras frutas en forma de carpaccio aderezadas con pimientas de colores, un poquito de miel o unas gotas de zumo. Resultará un postre ligero y elegante para terminar una comida veraniega.

Cocina Pasión

Potaje de cuaresma. CP

Potaje de cuaresma

La cuaresma nos da a l@s cocinillas una magnífica excusa para regodearnos en esos guisos de bacalao, en esos potajes sustanciosos, en los dulces cuaresmales. El miércoles de ceniza abre la veda para poner en marcha todo un rito, una tradición gastronómica riquísima que empieza en el potaje y acaba en las torrijas de Semana Santa, entre uno y otras todo un abanico de platos para probar.

En mi tierra, Castilla-La Mancha, este periodo del calendario cristiano es especialmente rico en recetas, parece que con el sol que empieza a lucir y con la primavera nos ponemos todos a freír rosquillas, florones, pelluelas, torrijas,… y ¡hala!, a cocinar y a comer que la cuaresma es otra buena excusa.

Por eso, no podía dejar pasar la ocasión de traer al blog algunos de los platos típicos de mi casa y mi tierra que, aunque de sobra conocidos, no dejan de será suculentos y me consta que hay quien todavía no los conoce o por lo menos no los pone en práctica. Además, cada casa, cada madres, cada tierra tienes unos toques personales que hacen de cada receta algo único.

La receta que os relato es la  que hace mi madre, la que hacía mi abuela, que para mí es la mejor que he probado. Cuando era pequeña lo odiaba, pero en cuanto crecí y me marche de casa, los viernes de abstinencia llamaba a mi madre para que me guardara un plato y me lo comía por la noche cuando llegaba a mi casa desde Madrid por muy tarde que fuese.

¡No esperemos más! El próximo viernes, potaje.

Ingredientes (para 6 personas)

300 gr de garbanzos castellanos

250 gr de espinacas ya limpias

150 gr de bacalao salado en un trozo

Tres dientes de ajo

Dos rebanadas de pan

Perejil

Una cebolla gorda

Dos hojas de laurel

Una cc de pimentón dulce

Aceite de oliva

Sal

Dos huevos cocidos

  1. Un día antes de elaborar el potaje poner a desalar el trozo de bacalao. Cambiamos el agua varias veces.
  2. La noche antes dejamos los garbanzos a remojo en agua templada con un puñado de sal.
  3. A la mañana siguiente ponemos los garbanzos a cocer cubiertos con agua (sólo cubiertos, es mejor tener que añadir luego algo de agua a que se nos quede demasiado aguado), dos hojas de laurel y el bacalao y un poquito de sal (hay que tener en cuenta que el bacalao puede conservar algo de sal) a fuego lento hasta que a las legumbres les quede una media hora para estar en su punto. En este momento echaremos el sofrito que os cuento a continuación y que habremos ido haciendo un rato antes.
  4. Ponemos un fondo de aceite donde vamos a freír las dos rebanadas de pan. Cuando estén tostaditas las sacamos y reservamos. A continuación echamos las cebollas cortadas menudas y los ajos, así como el puñado de perejil. Dejamos que se vaya haciendo a fuego bajo para que se poche bien. Tras ello, ponemos una cucharadita de pimentón dulce, rehogamos unos segundos y trituramos todo este sofrito junto con las rebanadas de pan y las dos yemas de los huevos cocidos y un poquito de caldo de los garbanzos.
  5. Añadimos todo este majado al potaje y seguimos cociendo a fuego lento. Mientras, nosotros rehogamos brevemente las espinacas lavadas y cortadas y también las sumamos a la olla. Probamos de sal.
  6. Cocemos una media hora y comprobamos que los garbanzos estén en su punto antes de quitarlos, si están aún algo tiesos los dejamos un poco más.
  7. Servimos con las claras de los huevos cocidos espolvoreadas por encima.

Este plato se agradece mucho cuando llegas a casa y necesitas comer algo casero. Probadlo, para mí es el guiso preferido de garbanzos.

Cocina Pasión

Calabacines rellenos de bacalao. CP

Calabacines rellenos de bacalao ajoarriero

¿Que me gustan las verduras? No es ningún secreto ya que el 90 por ciento de las recetas de este blog, incorporan verduras, por no hablar de las que solo llevan vegetales, que son también batallón. Pero qué le voy a hacer, cuando llego al puesto de las verduras en el mercado no puedo reprimirme y luego, ¡hala! a buscar recetas para cocinarlas, tarea fácil y placentera, aunque siempre te aboca a la duda.

Como ya imagináis, la receta de hoy va de verduras, pero no tiene mérito decir “hoy me he comido unas verduritas”, aunque si queremos disimular este es el plato perfecto: “calabacines rellenos de bacalao al ajoarriero”. En mi universo particular, es el bocado ideal, verduras y bacalao, dos de mi “tótems” alimenticios; pero además, todos en casa (sobre todo los niños) rebañaron el plato, y pringaron bien, sin poner ni un pero. Lo cierto es que el pellizco sabroso del bacalao va perfecto con la suavidad del calabacín y, si te sobra bacalao del relleno, no te digo cómo está con un par de huevos fritos.

Los calabacines  prefiero cortarlos en forma de cilindro; son más entretenidos de preparar, pero el plato resulta más sabroso porque la carne del calabacín rodea por completo el bacalao y el bocado queda perfecto.

En fin, plato redondo, sabroso,  con verduras y pescado, ideal desde para comer cualquier día o como entrante para una comida con invitados. Por las sobras, ¡se matarán en tu cocina!

Ingredientes (para cuatro personas)

300 grs. de bacalao desalado

Una cebolleta

Un pimiento verde

2 dientes de ajo

Un pizca de guindilla (opcional)

2 cc de pulpa de pimiento choricero

Tres calabacines

Salsa de tomate

Aceite de oliva virgen extra

Sal

  1. Lo primero que tenemos que hacer es el guiso de bacalao arriero. Para ello, preparamos un sofrito a fuego lento con la cebolla, el pimiento verde y los dientes de ajo, todo ello cortado muy fino. Lo dejamos pochar con un buen chorro de aceite de oliva.
  2. Mientras se hace el sofrito, escurrimos el bacalao, (guardamos medio vaso de agua de desalar el bacalao) y lo desmigamos.
  3. Cuando el sofrito está hecho, ponemos la carne del pimiento,  tres cucharadas de la salsa de tomate,  y la pizca de guindilla, si la ponemos. Rehogamos todo para que se mezclen los sabores unos cinco minutos e incorporamos el bacalao.
  4. Damos unas vueltas al pescado para mezclarlo bien con el resto de las verduras y añadimos algo del agua del propio bacalao. Dejamos cocer entre 10 y 15 minutos. Rectificamos de sal y apartamos del fuego.
  5. Lavamos bien los calabacines  y los cortamos en trozos de 5 cts. Ponemos agua a hervir con sal, cocemos los calabacines unos 14 minutos. Los escurrimos bien.
  6. Cuando se hayan enfriado  un poco para poder manipularlos, vaciamos con una cucharilla el centro del calabacín, donde están las pipas, sin llegar al final y cubrimos el hueco con el bacalao guisado.
  7. Lo vamos poniendo en una fuente de horno untada con aceite. Cuando los vayamos a servir, le damos un golpe de horno de 5 minutos, y servimos emplatados con un fondo de salsa de tomate caliente.

 Cocina Pasión

Farfalle con falso pesto a la cerveza. CP.

Farfalle con falso pesto a la cerveza

Llevo todo el día enganchada a las novedades de «Madrid Fusión 2014», quizá por eso no he podido mantener el propósito que me había hecho hoy de comer  frugalmente, apenas unos filetes de pechuga de pollo a la plancha, para compensar el abundante cocido de puchero que tomé junto a mi familia en Mejorada (Toledo). Sin embargo, como os decía, se me ha despertado tal hambre tras pasarme toda la mañana leyendo y leyendo las elaboraciones en los distintos talleres, los platos presentados, las novedades, que he decido que me merecía algo mejor.

Es cierto que no he hecho ninguna esferificación, ni cocina al vacío, pero estas  “Farfalle (mariposas de pasta) con falso pesto a la cerveza” que os traigo hoy tienen un sabor  suculento y rotundamente mediterráneo. Las he improvisado tras pasear por algunos de los blogs y revistas de cocina italiana que tanto me gustan. Lo de falso pesto se lo he puesto porque lleva todos los ingredientes del pesto (parmesano, ajo, piñones, aceite), pero sin triturar. El toque final se lo da el aceite a la albahaca que tengo guardado como oro en paño en casa y que hice con las abundantes hojas que me dieron las dos plantas que este verano cultivé en mi huerto.

Espero que os guste.

Ingredientes  (4 personas)

400 grs de farfalle

Aceite de oliva

Dos ajos pequeños o uno grande

Dos cucharadas de piñones

Dos cucharadas de aceitunas negras

Un calabacín mediano

250 grs de tomates cherry

Parmesano rallado

Medio vaso pequeño de cerveza rubia

Sal

Pimienta negra

Aceite de albahaca o en su defecto unas hojas de albahaca

  1. Ponemos un  buen chorro de aceite de oliva en una sartén y rehogamos lentamente el ajo machacado. Añadimos, después, los piñones y las aceitunas cortadas en trozos. Lo rehogamos durante cinco minutos.
  2. Mientras, cortamos el calabacín en rodajas final y las añadimos a la sartén. Vamos dando vueltas a los calabacines hasta que se hayan rehogando, unos diez minutos, y añadimos el medio vaso de cerveza. Entonces lo dejamos cocer lentamente hasta que los calabacines se hayan ablandado y la cerveza se haya evaporado.
  3. Una vez hechos los calabacines, incorporamos los tomates cortados a la mitad y condimentamos con sal y pimienta negra recién molida. Dejamos hacer los tomates removiendo de vez en cuando hasta que estén al dente.
  4. Al mismo tiempo, cocemos las farfalle. Cuando estén al punto las escurrimos y las servimos con la salsa por encima, un buen pellizco de parmesano y un chorrito de aceite de albahaca.

Cocina Pasión

Lombarda especiada con piñones y pasas. CP

Lombarda especiada con piñones y pasas

La lombarda tiene la suerte o la desgracia de ser uno de esos alimentos que se identifica con una festividad concreta y se consume poco el resto del año. Yo misma, que desde pequeña he visto en la mesa navideña de mi casa la lombarda a la madrileña, he pasado años sin consumirla fuera de esas fechas.

Quizá el problema fuera que identificaba  la lombarda con una comida copiosa y una elaboración laboriosa, pero nada más lejos de la realidad. La lombarda, como es sabido, es una col con un característico color morado o azulado, pero con un sabor bastante más delicado que el del su primo, el repollo. Su preparación puede ir desde la conocida a la madrileña, a la de simplemente hervida con una vinagreta, cortada en juliana en ensalada o con otros condimentos como los frutos secos o las especias.

Con el fin de reivindicar el consumo de esta verdura, en especial en estos meses invernales  en los que está en su punto, traigo hoy esta receta de “Lombarda especiada”,  un plato muy fácil de hacer pero sabroso y aromático gracias al clavo y la canela.

Creo que debemos darle una oportunidad a la atractiva lombarda más allá de la mesa navideña.

Ingredientes (para 4 personas)

Una lombarda mediana (un kilo aproximadamente)

Tres dientes de ajo

50 grs de piñones

50 grs de pasas

Aceite de oliva

Sal

Pimienta negra en grano

Clavo

Canela molida

  1. Lavamos bien la lombarda  la cortamos en juliana, eliminando los troncos duros.
  2. Ponemos agua con sal a hervir y en el momento de ebullición añadimos la verdura. Debemos tenerla hirviendo hasta que esté tierna, yo suelo dejarla unos 20 minutos.
  3. Mientras, ponemos un fondo de aceite en una sartén y doramos los dientes de ajo pelados y en trozos grandes. Cuando están ligeramente tostados los sacamos y los ponemos en el mortero.
  4. Añadimos al aceite los piñones y los tostamos ligeramente, en ese momento incorporamos la lombarda bien escurrida y también la rehogamos un par de minutos.  Ponemos entonces las pasas.
  5. En el mortero reservado, machacamos  los ajos fritos, 5 bolitas de pimienta negra y dos clavos. Cuando esté bien machacado lo añadimos a la sartén junto con un poco de agua de la cocción, rectificamos de sal  y espolvoreamos algo de canela por encima. Tapamos y dejamos que se haga todo junto cinco minutos para que se mezclen los sabores.

Veréis como el resultado no os defraudará y os invitará a comer lombarda más a menudo.

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Alcachofas a la napolitana. CP

Alcachofas a la napolitana

Las alcachofas son uno de esos productos que cada vez que veo en la verdulería no puedo evitar llevármelo a casa.  Primero caigo en la tentación y, luego, pienso cómo cocinarlas pero, de momento, me las llevo.

Mi inclinación hacia esta verdura con aspecto de cardo se ha acentuado en los últimos años pero creo que está relacionado con mis recuerdos infantiles. Por ejemplo, nadie me ha enseñado nunca a limpiar una alcachofa y, sin embargo, sé hacerlo desde siempre. La primera vez que las compré me puse a deshojarlas y frotarlas con limón como si no hubiese hecho otra cosa en toda mi vida. Pensando en ello, me transporté a las tardes que pasaba en casa de mi abuela, cuando ella limpiaba alcachofas para la cena (cosa que hacía muy a menudo porque eran muy buenas para depurar el organismo, decía) y yo, subida en mi taburete, la veía quitar todas las hojitas, partirlas y frotarlas con limón. De aquellos días se me ha quedado también la costumbre de mordisquear las hojas de la alcachofa mientras las limpio, en el punto justo donde la hoja se une con el corazón, en ese lugar queda un pequeñísimo trozo carnoso que mi abuela me daba a comer mientras pelaba conmigo la flor antes de ponerla en la olla.

Por todo ello era casi inevitable que las alcachofas acabaran gustándome, creo que, aunque no las tuviera mucha afición en el plato, las compraría sólo por el placer de recordar mientras las limpio, aunque la verdad es que luego también me las como.

La última receta que he hecho de alcachofas no era la que hacía mi abuela pero es de esas básicas, minimalistas y verdaderas. Sus ingredientes: alcachofas, aceitunas y alcaparras nos retrotraen a tierras italianas donde la alcachofa es tan apreciada. “Alcachofas a la napolitana” se llama y su realización no puede ser más fácil. Probadla y dejad que los recuerdos de los sabores de la infancia os inunden.

Ingredientes (4 personas)

8 alcachofas

2 dientes de ajo grandes

1 cucharada y media de alcaparras

125 grs. de aceitunas verdes sin hueso

Perejil

Limón

Aceite de oliva

Sal y pimienta

  1. Limpiamos las alcachofas: quitamos todas las hojas exteriores hasta llegar a las que están tiernas, cortamos la parte de arriba de la alcachofa, cortamos el tallo (yo a veces también lo pelo y lo añado al guiso). Troceamos la alcachofa limpia y la vamos echando en un bol de agua donde habremos exprimido medio limón y añadido unas hojas de perejil para evitar que se ennegrezcan.
  2. Partimos también las aceitunas en trozos menudos y escurrimos las alcaparras.
  3. Calentamos cuatro o cinco cucharadas de aceite en una sartén y ponemos los dientes de ajo cortados en trozos grandes. Cuando estén fritos, sin que se tuesten demasiado, los dejamos a parte porque no los vamos a utilizar.
  4. Escurrimos y secamos las alcachofas y las rehogamos en el aceite a fuego fuerte durante unos minutos. Agregamos las alcaparras y las aceitunas, salpimentamos y añadimos medio vasito de agua. Tapamos la sartén y dejamos cocer a fuego muy lento durante media hora o hasta que las alcachofas estén en su punto. Cuando pase el tiempo comprobamos que se haya evaporado toda el agua, si no es así destapamos y subimos el fuego para que se consumo casi por completo.
  5. Espolvoreamos con perejil y servimos.

De verdad os digo, que la combinación de la alcachofa y la alcaparra es perfecta.

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