Archivo por meses: enero 2014

Mayonesa Casera. CP.

Cómo hacer y conservar una mayonesa casera

La entrada de hoy inaugura una nueva sección de cocina y platos básicos que me han estado demandando últimamente. Quizá, los que nos gusta la cocina y hemos cocinado desde siempre creemos que hay cosas que no hace falta explicar pero, con este blog, me he dado cuenta que no es así. La mayoría de las personas  han olvidado o nunca han aprendido preparaciones básicas o platos tradicionales, sobre todo, aquéllos que se compran ya hechos en los supermercados. Es el caso de salsas como la mayonesa, la salsa rosa o la de tomate y de algunos platos tan enraizados en nuestro día a día como la ensaladilla rusa o la tortilla de patata.

Cuando voy a otras casas me doy cuenta de cómo ya todo el mundo utiliza mayonesa comprada o de “bote”; en parte se debe a la comodidad; en parte, al desconocimiento de cómo hacerla; y en este caso concreto, a la creencia de que la salmonella va a contaminar cualquier mayonesa hecha en casa. Nada más lejos, con las debidas precauciones, pero no sólo con la mayonesa sino con todas las preparaciones, no hay ningún peligro. Os lo digo yo que llevo décadas tomando mayonesa hecha primero por mi madre y luego por mí y nunca hemos tenido en casa un caso de contaminación.

Una mayonesa casera, con un buen aceite de oliva y huevos frescos, es algo muy básico pero imprescindible a la hora de servir unos espárragos blancos de Navarra, una merluza fresca o una ensaladilla. Esta preparación que no lleva más de cinco minutos puede hacer que una merluza simplemente al vapor se convierta en algo sublime.

No entiendo, como me pasó hace algunos días, que uno compre una dorada fresca, la prepare a la sal para una celebración familiar y luego lo estropeé poniendo una mayonesa comprada. Si hacemos lo mayor, la dorada, hagamos luego lo más sencillo.

Yo suelo hacer la mayonesa con dos parte de aceite de oliva y una de aceite de oliva virgen extra con el fin de que no esté tan fuerte. Con alguna variedad de aceite de oliva, como sucede con la cornicabra, sale excesivamente picante cuando se trata de virgen extra.

Siempre utilizo vinagre de Jerez, es mi favorito y es el que suelo utilizar para una mayonesa destinada a aliñar una ensalada. Si queremos sabor más suave podemos elegir limón o vinagre de manzana, a gusto.

Para hacer esta salsa, sólo necesitamos una batidora de mano o “minipimer” de toda la vida.

Normas básicas:

  1. Nunca cascar el huevo en el mismo recipiente donde vamos a hacer la mayonesa, eso podría contaminarlo.
  2. Lavarse las manos inmediatamente después de cascar el huevo.
  3. Conservar los huevos en frío hasta su utilización. En verano se puede poner también en frío el recipiente dónde se va a hacer la mayonesa un rato antes de hacerla.
  4. Nada más confeccionar la salsa, taparla y ponerla en la nevera hasta el momento de su uso. Yo la suelo hacer apenas un cuarto de hora antes de utilizarla y, hasta entonces, la dejo en frío.
  5. Es importante saber que la salmonella es un género de bacteria que prolifera con el calor, por lo tanto, el frío evita su proliferación.

Ingredientes (para una cantidad pequeña)

Un huevo fresco

200 ml de aceite de oliva (1 tercio virgen extra)

Sal

Vinagre de Jerez

  1. Cascamos el huevo y lo ponemos en un recipiente preferiblemente estrecho y alto. Va muy bien el que suele venir con las batidoras de mano.
  2. Ponemos el aceite, sal al gusto y una cucharada de vinagre.
  3. Para que salga bien, dejamos la batidora en velocidad media y la metemos totalmente en el recipiente, comenzamos a batir de manera constante y sin moverla. Observamos y cuando veamos que le mezcla coge consistencia y va subiendo a algo más de la mitad de la totalidad del aceite, vamos levantando lentamente la batidora sin dejar de batir. En apenas un minuto más estará completamente hecha.
  4. Probamos para rectificar de sal y vinagre.
  5. Si vemos que ha quedado demasiado clara para nuestro gusto, añadimos algo más de aceite, si está demasiado espesa, ponemos un poquito de agua fría. Hay que tener en cuenta que la textura de la mayonesa es importante dependiendo del destino que le vayamos a dar. Para una ensaladilla, la textura debe ser más clara, para acompañar unos espárragos, más espesa.

 Una vez hecha se deja tapada en el frigorífico. En invierno, si os sobra algo lo podéis conservar hasta el día siguiente.

Una vez que probéis a hacerla, veréis que no tiene comparación y lo importante que es si queremos que un plato crezca como tal y no se convierta en una comida improvisada o de circunstancias.

Cocina Pasión

Farfalle con falso pesto a la cerveza. CP.

Farfalle con falso pesto a la cerveza

Llevo todo el día enganchada a las novedades de «Madrid Fusión 2014», quizá por eso no he podido mantener el propósito que me había hecho hoy de comer  frugalmente, apenas unos filetes de pechuga de pollo a la plancha, para compensar el abundante cocido de puchero que tomé junto a mi familia en Mejorada (Toledo). Sin embargo, como os decía, se me ha despertado tal hambre tras pasarme toda la mañana leyendo y leyendo las elaboraciones en los distintos talleres, los platos presentados, las novedades, que he decido que me merecía algo mejor.

Es cierto que no he hecho ninguna esferificación, ni cocina al vacío, pero estas  “Farfalle (mariposas de pasta) con falso pesto a la cerveza” que os traigo hoy tienen un sabor  suculento y rotundamente mediterráneo. Las he improvisado tras pasear por algunos de los blogs y revistas de cocina italiana que tanto me gustan. Lo de falso pesto se lo he puesto porque lleva todos los ingredientes del pesto (parmesano, ajo, piñones, aceite), pero sin triturar. El toque final se lo da el aceite a la albahaca que tengo guardado como oro en paño en casa y que hice con las abundantes hojas que me dieron las dos plantas que este verano cultivé en mi huerto.

Espero que os guste.

Ingredientes  (4 personas)

400 grs de farfalle

Aceite de oliva

Dos ajos pequeños o uno grande

Dos cucharadas de piñones

Dos cucharadas de aceitunas negras

Un calabacín mediano

250 grs de tomates cherry

Parmesano rallado

Medio vaso pequeño de cerveza rubia

Sal

Pimienta negra

Aceite de albahaca o en su defecto unas hojas de albahaca

  1. Ponemos un  buen chorro de aceite de oliva en una sartén y rehogamos lentamente el ajo machacado. Añadimos, después, los piñones y las aceitunas cortadas en trozos. Lo rehogamos durante cinco minutos.
  2. Mientras, cortamos el calabacín en rodajas final y las añadimos a la sartén. Vamos dando vueltas a los calabacines hasta que se hayan rehogando, unos diez minutos, y añadimos el medio vaso de cerveza. Entonces lo dejamos cocer lentamente hasta que los calabacines se hayan ablandado y la cerveza se haya evaporado.
  3. Una vez hechos los calabacines, incorporamos los tomates cortados a la mitad y condimentamos con sal y pimienta negra recién molida. Dejamos hacer los tomates removiendo de vez en cuando hasta que estén al dente.
  4. Al mismo tiempo, cocemos las farfalle. Cuando estén al punto las escurrimos y las servimos con la salsa por encima, un buen pellizco de parmesano y un chorrito de aceite de albahaca.

Cocina Pasión

Lombarda especiada con piñones y pasas. CP

Lombarda especiada con piñones y pasas

La lombarda tiene la suerte o la desgracia de ser uno de esos alimentos que se identifica con una festividad concreta y se consume poco el resto del año. Yo misma, que desde pequeña he visto en la mesa navideña de mi casa la lombarda a la madrileña, he pasado años sin consumirla fuera de esas fechas.

Quizá el problema fuera que identificaba  la lombarda con una comida copiosa y una elaboración laboriosa, pero nada más lejos de la realidad. La lombarda, como es sabido, es una col con un característico color morado o azulado, pero con un sabor bastante más delicado que el del su primo, el repollo. Su preparación puede ir desde la conocida a la madrileña, a la de simplemente hervida con una vinagreta, cortada en juliana en ensalada o con otros condimentos como los frutos secos o las especias.

Con el fin de reivindicar el consumo de esta verdura, en especial en estos meses invernales  en los que está en su punto, traigo hoy esta receta de “Lombarda especiada”,  un plato muy fácil de hacer pero sabroso y aromático gracias al clavo y la canela.

Creo que debemos darle una oportunidad a la atractiva lombarda más allá de la mesa navideña.

Ingredientes (para 4 personas)

Una lombarda mediana (un kilo aproximadamente)

Tres dientes de ajo

50 grs de piñones

50 grs de pasas

Aceite de oliva

Sal

Pimienta negra en grano

Clavo

Canela molida

  1. Lavamos bien la lombarda  la cortamos en juliana, eliminando los troncos duros.
  2. Ponemos agua con sal a hervir y en el momento de ebullición añadimos la verdura. Debemos tenerla hirviendo hasta que esté tierna, yo suelo dejarla unos 20 minutos.
  3. Mientras, ponemos un fondo de aceite en una sartén y doramos los dientes de ajo pelados y en trozos grandes. Cuando están ligeramente tostados los sacamos y los ponemos en el mortero.
  4. Añadimos al aceite los piñones y los tostamos ligeramente, en ese momento incorporamos la lombarda bien escurrida y también la rehogamos un par de minutos.  Ponemos entonces las pasas.
  5. En el mortero reservado, machacamos  los ajos fritos, 5 bolitas de pimienta negra y dos clavos. Cuando esté bien machacado lo añadimos a la sartén junto con un poco de agua de la cocción, rectificamos de sal  y espolvoreamos algo de canela por encima. Tapamos y dejamos que se haga todo junto cinco minutos para que se mezclen los sabores.

Veréis como el resultado no os defraudará y os invitará a comer lombarda más a menudo.

Cocina Pasión

Alcachofas a la napolitana. CP

Alcachofas a la napolitana

Las alcachofas son uno de esos productos que cada vez que veo en la verdulería no puedo evitar llevármelo a casa.  Primero caigo en la tentación y, luego, pienso cómo cocinarlas pero, de momento, me las llevo.

Mi inclinación hacia esta verdura con aspecto de cardo se ha acentuado en los últimos años pero creo que está relacionado con mis recuerdos infantiles. Por ejemplo, nadie me ha enseñado nunca a limpiar una alcachofa y, sin embargo, sé hacerlo desde siempre. La primera vez que las compré me puse a deshojarlas y frotarlas con limón como si no hubiese hecho otra cosa en toda mi vida. Pensando en ello, me transporté a las tardes que pasaba en casa de mi abuela, cuando ella limpiaba alcachofas para la cena (cosa que hacía muy a menudo porque eran muy buenas para depurar el organismo, decía) y yo, subida en mi taburete, la veía quitar todas las hojitas, partirlas y frotarlas con limón. De aquellos días se me ha quedado también la costumbre de mordisquear las hojas de la alcachofa mientras las limpio, en el punto justo donde la hoja se une con el corazón, en ese lugar queda un pequeñísimo trozo carnoso que mi abuela me daba a comer mientras pelaba conmigo la flor antes de ponerla en la olla.

Por todo ello era casi inevitable que las alcachofas acabaran gustándome, creo que, aunque no las tuviera mucha afición en el plato, las compraría sólo por el placer de recordar mientras las limpio, aunque la verdad es que luego también me las como.

La última receta que he hecho de alcachofas no era la que hacía mi abuela pero es de esas básicas, minimalistas y verdaderas. Sus ingredientes: alcachofas, aceitunas y alcaparras nos retrotraen a tierras italianas donde la alcachofa es tan apreciada. “Alcachofas a la napolitana” se llama y su realización no puede ser más fácil. Probadla y dejad que los recuerdos de los sabores de la infancia os inunden.

Ingredientes (4 personas)

8 alcachofas

2 dientes de ajo grandes

1 cucharada y media de alcaparras

125 grs. de aceitunas verdes sin hueso

Perejil

Limón

Aceite de oliva

Sal y pimienta

  1. Limpiamos las alcachofas: quitamos todas las hojas exteriores hasta llegar a las que están tiernas, cortamos la parte de arriba de la alcachofa, cortamos el tallo (yo a veces también lo pelo y lo añado al guiso). Troceamos la alcachofa limpia y la vamos echando en un bol de agua donde habremos exprimido medio limón y añadido unas hojas de perejil para evitar que se ennegrezcan.
  2. Partimos también las aceitunas en trozos menudos y escurrimos las alcaparras.
  3. Calentamos cuatro o cinco cucharadas de aceite en una sartén y ponemos los dientes de ajo cortados en trozos grandes. Cuando estén fritos, sin que se tuesten demasiado, los dejamos a parte porque no los vamos a utilizar.
  4. Escurrimos y secamos las alcachofas y las rehogamos en el aceite a fuego fuerte durante unos minutos. Agregamos las alcaparras y las aceitunas, salpimentamos y añadimos medio vasito de agua. Tapamos la sartén y dejamos cocer a fuego muy lento durante media hora o hasta que las alcachofas estén en su punto. Cuando pase el tiempo comprobamos que se haya evaporado toda el agua, si no es así destapamos y subimos el fuego para que se consumo casi por completo.
  5. Espolvoreamos con perejil y servimos.

De verdad os digo, que la combinación de la alcachofa y la alcaparra es perfecta.

Cocina Pasión

"El Practicón"

Mi regalo gastronómico: «El Practicón»

Quizá lo más propio sería retomar mi actividad en el blog tras el parón navideño con una nueva receta, pero no he podido evitar el placer de contar las sensaciones que me ha producido uno de los regalos recibido estas Navidades. Evidentemente la persona que me ha hecho este regalo me conoce muy bien, sabe de mi pasión por los libros, por lo antiguo y por la cocina y ha conseguido aunar todo en uno: “El Practicón” de Ángel Muro en una edición de 1895 ha sido mi regalo de Reyes de este año y desde entonces hasta hoy no se me ha caído de las manos.

“El Practicón” es un “tratado completo de cocina al alcance de todos y aprovechamiento de sobras” que se publicó en 1894 y que se hizo muy popular en el primer tercio del siglo XX. Por lo que he visto en sus páginas recoge las recetas españolas de las distintas regiones además de otras preparaciones de cocina internacional; está trufada de las propias experiencias y anécdotas del autor, Ángel Muro, que anteriormente ya había publicado “El Diccionario general de cocina”.

Lo primero que me ha sorprendido es que este ejemplar está perfecto, parece que no lo han abierto en décadas. Esto me hizo retrotraerme al momento en que fue regalado (siempre me ha gustado imaginar estas cosas), seguramente a un ama de casa, como regalo de bodas o de inicio de matrimonio en los finales del siglo XIX, y durmió durante años en una estantería, quizá porque a la dueña no le gustaba la cocina o porque tenía alguien que cocinara por ella. Entre sus páginas, alguna estampita, alguna anotación que he conservado tal  y como llegó a mis manos.

En mi lectura he podido comprobar que algunas preparaciones se mantienen hoy tal cual se elaboraban hace más de un siglo; cómo hemos incorporado de manera general el uso del aceite de oliva en detrimento de otras grasas como la manteca de cerdo y la mantequilla o el tocino de jamón; y  cómo, por regla general,  las preparaciones se han simplificado. Lo que es una constante entonces y en la actualidad en la cocina española tradicional es su sencillez basada en el buen producto con el que siempre hemos contado, pocas salsas, pocos aderezos, el culto por el buen asado de cordero lechal, de cabrito, de ternera…

Entre lo que me ha sorprendido es la utilización y el conocimiento de múltiples condimentos y especias que quizá se han incorporado al día a día de nuestros hogares hace relativamente poco tiempo: el jengibre, la mostaza de Dijon, las chalotas… Y, por otro lado, es muy curioso observar cómo te relata recetas para cocinar aves que ahora ni se nos ocurriría, como la gaviota o el pavo real.

El libro tiene lectura para muchas jornadas, solo olerlo, hojearlo, buscar algunas de sus anécdotas es una experiencia gastronómica única; para mí, de las mejores que se pueden experimentar.

Cocina Pasión